jueves, 6 de septiembre de 2007

Donosti mola


El pasado fin de semana estuve en San Sebastián y me enamoré de la ciudad. Me pareció maravillosa, llena de encanto. Lo primero de todo, nada más llegar, me subieron al monte Igeldo a ver la vista impresionante de la ciudad desde arriba.

Me encantó recorrer sus calles, llenas de magia. Casi cualquier rincón sirve para hacer una postal. La Concha, el Kursaal, la Catedral, el Ayuntamiento...

¡Y cómo se come! Cené en la sidrería donostiarra del casco viejo y me puse las botas: tortillas de bacalao, bacalao a la donostiarra, chuletón, queso Idiazábal... todo bañado con una riquísima sidra.

Y la gente es entrañable y encantadora. Me encantó todo lo que vi, salvo algunas pintadas y algunas pancartas en apoyo de los fascistas que asesinan a los que no opinan como ellos.

Ya comenté en otro post mi deseo de irme de Madrid. Cuando pueda vivir de uno de mis trabajos que puedo realizar desde cualquier lugar, creo que me iré. No queda mucho que me ate a esta ciudad, y San Sebastián podría ser un destino idóneo. Lo malo es que es tan cara como Madrid.

Sigo corriendo delante de la avioneta...

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