Pues nada, que decidido hacer un arroz con bogavante y al ir a cortar los bichos aún estaban vivos y me ha costado muchísimo. Lo he pasado fatal. No es lo mismo cuando te lo dan hecho en un restaurante y te lo comes, que ver al pobre bicho mirándote con esos ojitos negros chiquitines, con carita de pena, agonizando... y lo peor es por mucho que le cortes ¡el bicho no muere nunca! Lo he pasado realmente mal pensado lo que debía estar sufriendo... hasta he tenido que taparlo con un trapo para no verlo...
Me he acordado de una ocasión hace muchos años, siendo yo muy niño. Mi padre trajo para la comida de Navidad también unos bichos de estos vivos y mi madre lloraba al cocerlos, porque los pobres intentaban salirse como podían de la cazuela. Yo también lo pasé fatal aquel día. Mi madre prohibió a mi padre volver a traer cualquier animal vivo para cocinar.
Hoy lo he pasado francamente mal y no creo que vuelva a comprar bichos vivos nunca más.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario