De viaje
Últimamente os tengo abandonaditos pero es que ando en carretera todo el día, de aquí para allá. Es lo que tienen las giras, que uno se mete en la furgo en una ciudad y en cuatro días ha pisado tres ciudades distintas.
Eso sí, el lunes viajé en avión y me di cuenta de una cosa: los viajes en avión me ponen triste. No sé por qué, pero cuando me monto en el avión me pongo muy pesaroso. Creo que también me pasa cuando viajo acompañado -este viaje del que hablo lo hice solo-, pero ahora no lo recuerdo. Lo que es seguro es que cuando viajo en avión solo me pongo triste y no sé por qué. Ahora estoy pensando si también me pasa cuando viajo en tren y no estoy seguro...
Total, que el lunes me metí en un avión, me puse triste, me bajé en Santiago de Compostela, era de noche, llovía... y me volví a la mañana siguiente, lloviendo también y todavía de noche (amaneció cuando estaba llegando a Madrid) directo para entrar a trabajar.
Bueno, espero volver a la carga con el blog a partir del lunes de nuevo, porque vuelven cuatro días de aúpa.
Os dejo un temita que me encanta y que volví a escuchar el otro día después de mucho tiempo:
Es virtualmente imposible saber
a dónde apuntan tus misiles.
Saldré
para ver que han destruido esta vez.
Catedrales milenarias,
las promesas más sagradas.
Y sé
que no habrás dejado casi nada en pie.
Y si queda algo que se pueda salvar
lo vas a destrozar.
Y a mí ya me da igual,
yo ya estoy en otra parte.
Tus ingenieros nucleares están
preparando otro ataque
y van
tantos que ya no los puedo ni contar.
Andarán buscando un blanco
donde puedan hacer daño.
Y yo
protegiéndome de esta radiación
con mi nuevo traje
del más duro metal
que pude encontrar.
Así que me da igual
dónde vayas esta noche a reclutar
a tu nuevo general.
No le deseo mal,
que le pongan una estatua.
[Anuncio para coches, Los Planetas, Unidad de desplazamiento, RCA]
miércoles, 16 de enero de 2008
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