jueves, 30 de agosto de 2007

El cambio necesario


Hay momentos en los que uno se siente completamente estancado, que ve que no avanza y empieza a desesperarse. Entonces es fundamental el cambio.

Nunca fui amigo de los grandes cambios, la verdad. Siempre fui de los que opinan que más vale malo conocido que bueno por conocer. Es curioso, pero parece que voy al revés del mundo. Cuando uno es joven es arrogante, impetuoso, rebelde… Y con los años uno se vuelve sosegado, tranquilo, moderado y conservador.

Mi caso es el opuesto. Cada año que pasa, cuanto más mayor me hago, me vuelvo más rebelde. Siento que no tengo por qué aguantar ciertas cosas y “me levanto”.

Lo mismo me pasa con los cambios. Antes, en cierto modo, me asustaban los cambios. Hoy ya no. De hecho el cambio puede ser fundamental para seguir.

Hacia finales del año pasado yo me sentía completamente estancado y necesitaba ese cambio. Había llegado al límite y estaba dispuesto a dejar mi trabajo y buscarme la vida por otro lado. Pero el cambio vino antes. Nos echaron a todos. Estábamos en una situación laboral un tanto irregular y tras una inspección de trabajo, la empresa decidió arreglarlo echándonos a todos.

En ese momento decidí que yo iba a luchar por mis derechos como trabajador con todas las consecuencias. Se trataba de una de las mayores empresas nacionales y sabía que me cerraba muchas puertas denunciándoles, pero me daba igual. Al final, se sucedieron las cosas de tal manera que me terminaron contratando, ascendiendo de categoría y subiendo el sueldo. Temí que pudiera ser una táctica para evitar el juicio y después despedirme, pero afortunadamente no ha sido así. Continuo en mi trabajo y muy contento.

Me pensé mucho aceptar la oferta por ese riesgo que acabo de comentar, pero al final salió bien. Dicho cambio me vino fenomenal, porque cambié de compañeros y de funciones en la empresa, y volvía respirar.

Por casualidades de la vida terminé entrando paralelamente a mi trabajo en la mencionada empresa en un negocio en el que nunca me habría imaginado que iba a entrar: la música. Por cuestiones del destino terminé siendo manager de dos grupos de pop y rock, y aquello sí que fue fundamental.

En un momento de hastío, de aburrimiento, empecé a hacer algo que me devolvió la ilusión. Volvía a hacer algo que realmente me divertía, me interesaba y realizaba un trabajo en el que aprendía todos los días. Además me ha permitido conocer a una gente realmente espectacular en muchos casos (también hay indeseables, eso sí). Nunca me había dedicado a la contratación de bandas y me tenía que poner las pilas rápido. Hoy sigo aprendiendo este oficio y espero poder decir que más o menos sé desenvolverme en este pantanal que es el negocio de la música para dentro de unos años… si no me canso antes (o se cansan de mí).

Ahora me he encontrado con una oferta de trabajo que me ha hecho dudar si dejar mi puesto en la gran empresa en la que estoy colocado. Sería para meterme de lleno en el mundo de la música. Enfrento un buen sueldo y cierta estabilidad a algo que me apasiona. Además, intentan tentarme con un sueldo más o menos parecido al que tengo. Pero no sé si arriesgarme. No sé si es el momento del cambio.

Mi impresión es que no, que llevo muy pocos meses en este nuevo ciclo que comenzó en enero y que puede que aún sea pronto. La verdad es que lo sigo meditando. Valoro mucho que hayan pensado en mí para realizar la labor que me piden y sobretodo la insistencia, puesto que llevan meses proponiéndome este trabajo.

Por otro lado, también están los “cambios”. Los pongo entre comillas porque no son cambios que recaigan sobre uno mismo o sus circunstancias y, por lo tanto, no se pueden controlar, pero sí que tienen algún efecto. Esos también me ha tocado vivirlos y con efectos un tanto negativos.

Llevo tiempo planteándome irme de Madrid a vivir a alguna localidad pequeña. Eso implica un gran cambio y ahora no me lo puedo permitir. Pero lo tengo en mente y, dependiendo de las circunstancias futuras, puede que lo lleve a cabo. Lo considero otro cambio necesario. Por salud mental. Preferiblemente un lugar en la costa, en la playa…

Ya no me asustan tanto los cambios. (Escribo esta afirmación y he de reconocer que se me están ocurriendo cambios que me dan auténtico pánico…)

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